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Consenso de la Asociación Colombiana de Neurología sobre enfermedad de Parkinson

Depresión y otros trastornos afectivos en la enfermedad de Parkinson

Los síntomas no motores son frecuentes en la enfermedad de Parkinson (EP). La depresión, la ansiedad y la apatía son síntomas muy prevalentes en la población afectada. Estos síntomas han demostrado ser determinantes en el deterioro de la calidad de vida de los pacientes con EP y el resultado es un empeoramiento de su estado funcional y cognitivo, además de aumento en la mortalidad. Diversos sistemas de neurotransmisión, como el dopaminérgico y las vías serotoninérgicas y noradrenérgicas, pueden contribuir a la alta aparición de depresión en la EP. Existen varias escalas que sirven como herramientas para monitorizar cambios a lo largo del tiempo y determinar el efecto de las estrategias terapéuticas en estos pacientes. El abordaje terapéutico se puede enfocar desde el punto de vista farmacológico y no farmacológico. Antidepresivos tricíclicos, inhibidores de la recaptación de serotonina e inhibidores mixtos de serotonina y noradrenalina han demostrado efectividad. También hay reportes positivos de opciones no farmacológicas como la estimulación magnética transcraneal, la terapia cognitiva conductual y la cirugía de estimulación cerebral profunda. Sin embargo, estas últimas requieren más evidencia. La ansiedad se relaciona con empeoramiento de la sintomatología motora y frecuentemente se asocia a síndrome depresivo. Como tratamiento se utilizan habitualmente antidepresivos con perfil ansiolítico y benzodiazepinas. La apatía se asocia con edad avanzada, peor función cognitiva, aumento de los síntomas motores, discapacidad más grave y menor calidad de vida, con una mayor carga para el cuidador.

Espectro clínico y tratamiento del trastorno cognoscitivo y demencia asociada a la enfermedad de Parkinson

La prevalencia del deterioro cognitivo mínimo en pacientes con EP está en un rango de 20-50%. La prevalencia puntual de la demencia asociada a la enfermedad se estima en alrededor del 25-30%, con un incremento proporcional en relación con la edad y el tiempo de evolución de la enfermedad. El perfil clínico puede ser heterogéneo y hace referencia a la alteración en los diferentes dominios que supone un substrato neurobiológico diferente. La disfunción ejecutiva suele ser más frecuente en etapas tempranas de la enfermedad, aunque también hay perfiles clínicos corticales. Hay síntomas neuropsiquiátricos como la depresión, la ansiedad y el discontrol de impulsos que pueden afectar la cognición. La valoración rutinaria de las actividades de la vida diaria y el desempeño funcional se ha relacionado con el grado de compromiso así como con el rendimiento cognitivo global. Pacientes en estadios avanzados y candidatos a la cirugía de estimulación cerebral profunda requieren la evaluación neuropsicológica para seguimiento e identificación de potenciales riesgos o contraindicaciones cognitivas, comportamentales y/o emocionales. Las conclusiones del consenso de cognición son: 1) el deterioro cognitivo mínimo es común en los pacientes, incluso en estadios tempranos; 2) el perfil clínico es heterogéneo, aunque la disfunción ejecutiva es más frecuente; 3) la valoración inicial permite detectar perfiles de riesgo a demencia; 4) deben usarse instrumentos validados para esta población; 5) los síntomas neuropsiquiátricos pueden afectar el desempeño del paciente, y 6) la valoración de la independencia funcional permite explorar el impacto de la cognición en la cotidianeidad.

Trastornos del sueño y dolor en la enfermedad de Parkinson

Las alteraciones del sueño y el dolor, síntomas que han venido siendo cada vez más reconocidos como síntomas no motores en la enfermedad de Parkinson, pueden ser tan incapacitantes como los síntomas motores e impactan significativamente la calidad de vida de quienes los padecen. En este artículo se habla de la importancia del reconocimiento, el abordaje y el tratamiento de los trastornos del sueño más frecuentes en pacientes como Parkinson, como el trastorno conductual del sueño MOR, el insomnio y sueño fragmentado, la somnolencia diurna y el síndrome de piernas inquietas, así como el abordaje general del dolor en el paciente con esta enfermedad.